Joseín Moros nos trae la parte final de esta primera etapa de Crónicas de Pil, pero no se preocupen, las Crónicas están lejos de terminar, este último capítulo solo es la puerta de muchas mas aventuras:
CRÓNICAS DE PIL
Kilde
Los recuerdos felices casi siempre son cortos y borrosos, y los tristes demasiado largos. Salvamos nuestra felicidad si nos aferramos a los buenos, para atenuar los malos.
El día que viene a mi memoria las circunstancias se agravaron y nos hundíamos en un lodo de tragedia.
Desde la madrugada los refugiados de Torre Kro nos preparábamos para la huida de Ciudad Himmel. Mientras tanto el refugio de veinte niveles descendía en el corazón del rascacielos, como antes imaginé, igual a un pequeño trozo de lápiz bajando por la garganta de una jirafa.
Al medio día embarcamos en un ascensor y un momento después surgimos en la parte alta de un hangar, situado por encima de las calles. La vibración del suelo nos aterrorizó, estábamos acostumbrados al silencio de donde acabábamos de salir. Vimos más abajo, a través de ventanales reforzados con malla metálica, el oleaje danzando como bestias de las profundidades, intentando desgarrar las paredes del rascacielos. A lo lejos, entre edificios, era fácil ver lejanas cordilleras al final del mar invasor.
Llovía y el sol estaba bloqueado por nubes tormentosas, los relámpagos penetraban hasta nosotros y el centenar de niñas y niños brillábamos como figuras de metal. Aunque la temperatura no era tan baja, vestíamos cascos y trajes herméticos, estos poseían control térmico, incluso refrigeraban si hacía calor.
Quedamos petrificados con el aparato que vimos varios metros más abajo.